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jueves, 17 de abril de 2025

RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN EN ESPAÑA 1935 , CUENTA LA HISTORIA PILAR IGLESIAS NICOLÁS EDITORA DE DOS LIBROS DEL POETA

 


“Raúl González Tuñón hubiera querido estar en Asturias a los pocos días de la insurrección de los mineros, pero no poseía los medios para hacerlo. Se sentía obligado por sí y en homenaje a su abuelo. A principios de 1935, en compañía de Amparo Mom, con quien acababa de casarse, partió hacia España. Llegó a Madrid y se reencontró con sus amigos: Federico García Lorca, a quien había conocido en Buenos Aires en 1933, en ocasión de los estrenos teatrales del Español y a Pablo Neruda, joven poeta y diplomático chileno. Se reunían en la Cervecería de Correos, en donde hizo amistad con otros escritores, entre ellos un muchacho que se acercó tímidamente: Miguel Hernández.

 

González Tuñón no se quedó en Madrid. Su objetivo era recorrer, ver "in situ" las condiciones de los mineros y del pueblo en general, comprobar la miseria que envolvía a esa zona, según se decía en la capital española. De esta experiencia personal, de transitar por las zonas más afectadas, de las vivencias de sus pobladores surgió La rosa blindada, un homenaje a la insurrección de Asturias de 1934.

Recogió como una flor ardiente la vida y la muerte de esa niña hija de mineros que murió luchando por la causa de los suyos a los 16 años. Aída Lafuente, desde entonces y para siempre, La Libertaria.

 

Al mismo tiempo que surgían los versos de La rosa blindada ordenaba sus apuntes, que luego se transformarían en doce notas que publicaría en 1936 la revista argentina El Suplemento, un semanario familiar muy leído en la época.

A esta altura de su vida, González Tuñón había viajado por la Argentina y varios países sudamericanos como cronista de Crítica. Su conciencia social había forjado una personalidad con valores muy definidos. Por eso cuando llegó a España recorrió la zona norte, aunque no pudo llegar a la cuenca minera. No lo impulsaba un espíritu aventurero ni turístico, sino un profundo sentido de su responsabilidad como periodista y poeta”

miércoles, 16 de abril de 2025

LAS CRÓNICAS DE RAÚL GONZález Tuñón SOBRE españa en 1935 de la REVISTA EL SUPLEMENTO EDITADO LIBRO POR PILAR IGLESIAS

 UN LIBRO QUE NO SE PUDO VENDER, UN LIBRO PROHIBIDO













LA VERDAD SOBRE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE ESPAÑA 1935 POETA EN LA GUERRA RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN

 

LA VERDAD SOBRE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE

CLIMA DE GUERRA


P or el Peñón se despeñaba la luz de un día maravilloso. El 1 de abril de 1935 desembarqué en Gibraltar, entre los dogos de mar de Inglaterra, de aceros flamantes, que vigilaban el Estrecho. Gibraltar me pareció una alegre, limpia y hermosa villa, trepando por un terreno accidentado. El viejo cochero me dijo:

-Pasando aquellas casas blancas está La Línea, población española.

Gibraltar también era, como todos sabemos, población española hasta Nelson. Inglaterra no pudo quitarle a Gibraltar la luz, el clima, tan españoles, pero le dio otro aspecto. Casas nuevas, calles limpias, “policemen” educados, pequeños negocios elegantes. La Línea es todo lo contrario. Ya es España. 

Tal vez precisamente por eso me interesó más que Gibraltar, por su autenticidad precisamente. Pero decidí entrar a España por Algeciras. A las cinco de la tarde embarqué en un pequeño navío que me dejó en la bella ciudad andaluza, a veinte minutos de Gibraltar. Todavía se veía la línea de África y se sentía a África en la misma Algeciras, en sus casas blancas, en su clima, en los rostros oscuros de sus gentes, en las canciones desgarradas que salían de sus tabernas y de sus patios adornados. 

En la aduana me dieron vuelta a las maletas. Los carabineros revisaron cuidadosamente mi equipaje.

-Hace cinco años, dije a un carabinero, llegué a España por Barcelona y las autoridades aduaneras no fueron tan severas. Hace una hora que están ustedes revisando y hasta observando detenidamente los libros que traigo. ¿A qué se debe esto?

-Es por el contrabando, me respondieron. Gibraltar es puerto inglés y todo vale allí más barato...

Pero el jefe de los carabineros, a quien me dirigí protestando por la tardanza, fue mucho más claro: -¿No sabe usted que en España ha habido revolución?

Pensé en Asturias. Pero desde octubre a abril habían transcurrido cinco meses... Y, sin embargo, España seguía respirando una especie de clima de guerra. Me di cuenta al dejar la aduana de Algeciras. Ya no se veía  carabineros en las callejuelas, a lo largo del pintoresco río que recorre la ciudad, en las afueras, en las plazas, frente al ayuntamiento y otros edificios públicos. Se veían guardias de asalto. Armados hasta los  dientes, en cada camión una veintena de guardias parecían como aguardar una inminente orden de ataque. Ataque ¿a quién? Me enteré de que los diarios pasaban por la censura más tremenda; que las Casas del Pueblo estaban cerradas; que los sindicatos habían sido destruidos, que nadie se atrevía a hablar contra el Gobierno ni en voz baja… ¿Y el porqué de ese despliegue bélico?

-Queda prorrogado por sesenta días más el estado de alarma en Algeciras.

Durante el trayecto,Tarifa -la muy noble y muy antigua-,Vejer de la Frontera, Jerez, San Fernando, Chiclana de la Frontera, Sevilla y otros pueblos pequeños, ya cerca del mar, ya entre las montañas, el mismo espectáculo de los guardias de asalto, esta vez combinados con los guardias civiles, se me ofreció. Media hora de descanso en Jerez me hizo ver que ocurría allí lo mismo que en Algeciras. Patrullas que van y patrullas que vienen. Detenciones. Sobresalto. Recelo. Censura. Sólo que, en la estatua de Primo de Rivera, se destacaba una gran mancha de alquitrán...

El primero en hablarme contra la situación creada por la dura represión del Movimiento de Octubre, por parte de las derechas unidas a Alejandro Lerroux, fue el guía del Alcázar de Sevilla.

-Son gente, comprende usté, que lo que quieren es un imposible, que vuelva el Rey. No era exacto, naturalmente. Periodistas amigos y obreros a quienes interpelé accidentalmente más tarde me dijeron que el Rey no contaba; y nadie, salvo el señor Goicoechea, creía en su vuelta. Lo que ocurría era que, y el tiempo les dio la razón con el triunfo del Frente Popular, la revolución estaba latente y el Gobierno temía un nuevo estallido. Gil Robles y los suyos pretendían destruir el sentimiento casi unánime en el pueblo español: su sentimiento francamente republicano, fuertemente republicano, en instalar en España una dictadura de tipo fascista-dollfussista, es decir, vaticanista. El segundo fue un camarero, un mozo del Restaurante de la Viuda, donde almorcé al día siguiente de mi llegada a Sevilla, un garrulo andaluz que yo había conocido cuando era mozo en el bar de un diario porteño de la tarde.

-A Sevilla le han matao la alegría. Lamento que venga usté en estos momentos a la mejor ciudad del mundo.

-Pero ¿todavía lo de octubre?

-Toavía. -Si el drama se desarrolló en Asturias…

-En toa España… -Pero, en Sevilla no ocurrió nada del otro mundo. 

-¿No ocurrió nada? Asómese usté al campo y pregunte a los campesinos qué tal les va con la anulación de la ley agraria, las restricciones, la devolución de los bienes a los monárquicos, la desocupación, etc., etc.… 

Además, le aseguro a usté que en Sevilla se sintieron los estampidos de las granadas que estallaron en la cuenca minera. A pesar de esta exageración final, el camarero del Restaurante de la Viuda no andaba muy descaminado. Los efectos de la revolución asturiana se sentían en toda España; ya lo creo. Y hasta el viejo Restaurante de la Viuda cerró esa misma noche de abril sus puertas antes de lo acostumbrado. Habíase producido una nueva crisis de gabinete que días después quedó resuelta con una fórmula todavía más reaccionaria.

A la semana, cuando me dirigía a la estación para tomar el tren que me llevaría a Madrid, los vendedores de diarios me acosaron: 

¡El trágico incidente de anoche en el barrio de Triana! ¡Dos obreros muertos por los guardias! ¡Prolongación del estado de sitio en Sevilla!. Y en un estado de ánimo y de sitio, nada tranquilo, me ubiqué en el tren. Dos guardias civiles viajaban en el mismo coche. Una señora anciana respondió a mi pregunta: 

-Antes viajaba un guardia en cada tren. Ahora dos en cada coche. Las cosas andan mal. Ya lo ve usted. En el compartimento viajábamos tres personas: un viajante de comercio, la señora anciana y yo. El viajante de comercio leía “El Debate”, diario del partido de Gil Robles. La señora anciana leía "La Libertad", diario de izquierda. Yo, por casualidad, tenía entre mis manos un diario independiente: "Ahora". Al parecer, representábamos tres tendencias; pero, cuando se enteraron de que yo era argentino, ambos, la señora anciana y el viajante, quedaron frente a frente.Y como es lógico, tratándose de España, a poco de andar el tren quedó planteada la crisis. Oí decir al viajante de comercio:  

-Lo que cuenta “El Debate” acerca de las atrocidades cometidas en Asturias por los revoltosos es terrible. 

-¿Le hace usted caso al “Debate”?, replicó la señora anciana. Si los diarios de izquierda pudieran hablar, iba usted a saber que fueron peores las atrocidades cometidas por el Tercio Extranjero y los moros en la represión del movimiento. 

El viajante se indignó. Comenzó a gritar contra los revolucionarios dirigiéndose, enfurecido, a la señora anciana. Ésta le rogó que bajara la voz. Yo me uní a sus ruegos. Los guardias civiles observaban desde el fondo del coche. 

-No es correcto, me atreví a decirle al viajante; como están las cosas, detendrán a la señora en la primera estación.

-Oiga usted, repuso el viajante, es usted argentino y no quiero que se lleve una mala impresión de España.

Aquí no ocurre nada.Todo está tranquilo. Los delincuentes están en la cárcel. El Gobierno tiene el control de la situación. No haga usted caso de las historias que le cuenten.

Vi que la señora anciana se mordía los labios. El viajante descendió en la estación de Córdoba. Fue entonces cuando la anciana, sentándose a mi lado, me explicó: 

-¿Qué todo está tranquilo? ¿Sabe usted quién soy yo? Una costurera de Madrid. Hace quince días estuve en León. Fui a visitar a mi hijo mayor, preso desde octubre por sospechoso de socialista. Ha rebajado diez kilos de peso. Es otro hombre. ¿Qué hizo? Nada. Y ahora vengo de ver a otro hijo, que era obrero de la Fábrica de Tabacos y está preso, en Sevilla, por la misma causa.

-¿Cree usted que son delincuentes todos los que están en la cárcel? Lo que pasa es que los curas quieren volver a adueñarse de España; pero, por esta cruz, le juro que algún día saldré yo también a la calle con una carabina para defender la República.

Horas más tarde, en Baeza, subió un campesino, entrado en años. Se ubicó en nuestro compartimento y nos convidó con un trago de vino. El excelente vinillo nos hizo olvidar el traqueteo del tren y el cansancio del viaje. El campesino nos contó su historia:

-En mi aldea quisieron matar al cura el 7 de octubre.Yo había sido alcalde y gozaba de general aprecio allí. Fui a ver al cura y le dije: Padre Marcelino, salga usted de la aldea porque lo matarán. No lo mataron porque los guardias llegaron a tiempo. ¿Saben ustedes cómo me pagó el padre Marcelino? Me hizo detener.

Me hizo dar una tunda.Voy ahora a Madrid a protestar. Comprendo que tenía razón aquel fresco que me dijo: "Cuando estalló la Revolución de Abril de 1931, que trajo la República, un ciudadano de cierta aldea envió al ministro de la Gobernación el siguiente telegrama: Hemos declarado también aquí la República. ¿Qué hacemos con el cura? Del ministerio respondieron que no le hicieran daño al cura. He ahí el error de la  República del 14 de Abril. Estamos ahora a punto de perderla, porque a la pregunta ¿Qué hacemos con el cura? No se respondió: ¡Enviadlo al infierno!”

En Madrid hacía bastante frío y lloviznaba. El espectáculo de los guardias de asalto me resultó más sombrío. El número de guardias era mucho mayor. Se veían camiones con ametralladoras por todas partes. Busqué una dirección en mi libreta: Hotel Bristol, Gran Vía. El chofer se detuvo en el corazón de la Gran Vía. La llovizna velaba los letreros luminosos. A cada rato se veían pasar guardias a caballo o en los camiones. Mis amigos me dejaron, provisoriamente, en el Hotel Bristol.A las once de la noche bajé de mi habitación y me dispuse a salir a la calle. El botones me detuvo en la puerta.

-Perdone... ¿Es usted periodista?

-Sí. 

-Debe ir a la Dirección de Seguridad a que sellen los documentos. Di un vistazo a la amplia avenida. La típica Gran Vía ofrecía un aspecto distinto al que yo había imaginado.

-¿Qué ocurre? 

-Hace mucho tiempo que vivimos así. Han pasado cosas terribles.                                                             -¿Aquí también?

-También, aunque en otra forma. ¿Sabe usted lo que ocurrió en este hotel?

-¿Qué ocurrió?

-En los primeros días de octubre, pidió alojamiento un señor muy bien vestido, extranjero, de apellido ruso. No recuerdo bien cómo se llamaba. Durante una semana, permaneció sin salir de su habitación, en el cuarto piso. El ocho de octubre cayó muerto, ahí mismo, frente al hotel, en medio de la calle, un guardia de asalto. No se supo de dónde había salido el tiro. Al día siguiente, por la mañana, cayó otro, y otro a la tarde.

Al tercer día cayó el cuarto guardia de asalto. Un teniente que, apostado en el Palacio de la Música, ahí cerca, observaba los edificios de este costado, hizo de pronto un disparo a la ventana del cuarto piso. En seguida entraron al hotel, el teniente y cinco guardias más. Subieron apresuradamente al cuarto piso, abrieron la puerta de la habitación del ruso y dispararon sobre él sus armas. El ruso estaba en pijama, recostado en un sillón, cerca de la ventana.Tenía dos revólveres en las manos. Había sido él quien había matado a los cuatro guardias.

-Y, ¿quién era? ¿Qué era?

-Nunca se supo. Sus maletas, rotuladas en muchos países, no encerraban ninguna cosa rara, ni documentos, ni nada...

-Era un francotirador..., murmuré.

-¿Un franco qué?, díjome el botones. ¡Era un ruso! Y parecía un príncipe.Yo vi cuando lo sacaron muerto en la camilla.

Volví a encontrar a mis amigos, periodistas de Madrid y escritores. Saqué en consecuencia que el drama de Asturias había sido más tremendo de lo que se decía en Buenos Aires.

Después pude documentarme más ampliamente y enterarme de lo que en realidad había ocurrido en octubre del 34; y de por qué había ocurrido.

(FIN)


lunes, 14 de abril de 2025

Barcelona nunca está bona sino cuando la bomba sona .."De nuevo se presionan los gatillos" González Tuñón

DE NUEVO SE PRESIONAN LOS GATIILLOS 

Barcelona nunca está bona sino cuando la bomba sona

Así decía Rubén Darío en un poema famoso. Pero ya los tiempos en que la bomba sonaba son lejanos. Están enterrados en los fosos de Montjuic o en la fosa común, junto con los restos del Noi del Sucre.

Las semanas trágicas de Barcelona desaparecieron con el pistolerismo. La unidad obrera, las luchas científicamente organizadas, contribuyeron a acelerar el proceso, terminando, casi por completo, con el pistolerismo como expresión individual, anarquizante y romántica, de los anhelos populares. Sólo quedaban, después de Martínez Anido, los pistoleros de la Patronal, como se dijo, los pistoleros al servicio de la represión del movimiento obrero iniciada brutalmente durante la dictadura de Primo de Rivera.

 Cuando estuve, en 1930, en Barcelona, caído ya Primo de Rivera, en la época de Berenguer, algunos se jactaban de la tradición revolucionaria de Cataluña -indudable- y recordaban los atentados individuales y las huelgas sangrientas.

-En aquellos tiempos, dicen ahora en Madrid, cada vez que el Rey anunciaba una visita a Barcelona, se pedía a Alejandro Lerroux que intercediera ante los dirigentes obreros para que no intentaran atentar contra la vida del monarca. Lerroux cobraba fuertes sumas por su intervención...

 Verdad o mentira, lo cierto es que nunca se atentó contra la vida del Rey, aunque las precauciones que se tomaban eran importantes. Al asumir Primo de Rivera la jefatura del Consejo de Ministros, el general Martínez Anido, de sombría fama, decidió acabar con los pistoleros. Decisión peligrosa, arma de dos filos, puesto que su acción no fue dirigida, únicamente, como sabemos, contra la delincuencia común, sino también contra la clase obrera, orgullosa, naturalmente, de su tradición revolucionaria.

Martínez Anido organizó a los pistoleros de arriba. A Companys, abogado, le tocó defender a muchos pistoleros de abajo. Uno de los más notables dirigentes sindicalistas, el Noi del Sucre, murió en circunstancias en que dejaba la cárcel, después de cumplir una breve condena. El Noi del Sucre, se dice, al ser puesto  en libertad, rogó al director de la cárcel que le permitiera quedar encerrado unos días más. El director tenía orden de Martínez Anido de no acceder al pedido del Noi, que se esperaba. El Noi estaba seguro de que en la calle encontraría la muerte. Y así fue. Desarmado, abandonado, tres pistoleros de la Patronal acabaron con él en la esquina de la cárcel. Ángel Pestaña, otro dirigente sindicalista, debió huir para salvarse. Si los dirigentes no caían acribillados en los allanamientos o locales obreros, se suicidaban en la prisión o eran liquidados a la salida.

Así limpió Martínez Anido la ciudad de Barcelona. Así creyó limpiarla; pues, cuando se proclamó la República, el nuevo gobierno debió limpiar a su vez a Barcelona de los otros pistoleros, elementos lumperproletarios de los bajos fondos sociales, convertidos en señoritos por el exgobernador.

Esta época sangrienta de la ciudad condal es una verdadera maraña de hechos que aún no se han aclarado del todo, pero hay que reconocer que el movimiento obrero salió depurado de las guerrillas que convulsionaron durante tanto tiempo la capital catalana.

 A mi regreso a Barcelona, después de cinco años, muerto el Noi del Sucre, es aparecido Pestaña de la acción sindical pura, ya se hablaba allí de Frente Popular y unidad obrera. Pese a los jefes anarcosindicalistas, las masas se volcaron en el cartel único en las elecciones de febrero. Barcelona comenzaba a abandonar aquel peligroso romanticismo anárquico y estoy seguro de que el problema de la unidad obrera definitiva preocupa hoy más a las masas que el Estatuto Catalán y el recuerdo de las luchas, heroicas pero estériles en su mayoría.

Barcelona ofreció a mi vista dos aspectos hacia fines de 1935: por un lado, la ciudad seguía el ritmo violento de siempre, con sus ramblas bulliciosas y sus barrios industriales; y por otro lado, la descomposición de la sociedad, el espectáculo de la miseria y el vicio, decretaban un contraste que no ofrecían, de manera tan viva, otras ciudades de España.

 En Barcelona, puerto de extraordinario movimiento, llave de Oriente, ciudad cosmopolita que mezcla al antiguo barrio gótico, de maravillosa arquitectura, las vías modernas de imponentes edificios, siempre hubo un costado infamante y trágico que le valió la comparación con Marsella y otros puertos de sombrío prestigio. Ese costado se llama allí Barrio Chino, aunque pocos personajes amarillos suelen encontrarse en las callejuelas torcidas, sucias, huidizas, malolientes. El Ayuntamiento, que en 1930 no se preocupaba por esa zona, trataba en 1935 de acabar con el barrio (lo que no quiere decir acabar con la miseria y el vicio) y eso dio lugar a escenas nada edificantes, a pocos metros de las anchas ramblas llenas de pájaros, libros y florecen los puestos. Al año de la Revolución de Octubre, las autoridades estaban más interesadas en la persecución a obreros e intelectuales que en otra cosa; y entonces el barrio chino se sintió menos amenazado. 

Durante algunas noches lo recorrí, observando todos sus rincones. Desde 1930 había cambiado mucho, efectivamente. Iba yo con un periodista, que me señalaba a los tipos sobresalientes del barrio:

-Aquel es Mirko; va a vestirse de mujer para actuar esta noche en el Novedades.

-Aquella es la reina del barrio chino, una señorita de la sociedad venida a menos -¡y tan a menos!-toxicómana, mujer extraña..

 La reina del barrio chino estaba conversando con dos sujetos en la puerta de una tienda de vinos. Cerca de la tienda, el zaguán de un prostíbulo esparcía por la callejuela un vaho desagradable y al lado del prostíbulo el cartelón impúdico de un negocio prevenía a los clientes anunciando productos de farmacia y consejos médicos... Precisamente en ese momento la reina del barrio chino abandonó a los dos sujetos para dirigirse al bar-teatrillo cercano al lugar en que se hallaba.

 -Es la única mujer, me explicó mi amigo, que puede entrar sin temor a estos bares con espectáculos de “variétés”. Las otras mujeres, si no son artistas, si son simplemente busconas deben acudir a las casas o a los bares que no explotan las variétés.

No me explicaba el porqué. Mi amigo aclaró:

-El barrio chino ha sido invadido por el "tercer sexo". Los homosexuales, que hace algunos años recorrían estas calles sin molestar a las mujeres, abundan ahora y se han dedicado a un doble "comercio": hacen competencia a las mujeres desde los tablados de variedades, donde cobran menos por actuar y atraen más curiosos; y en la calle misma, donde acechan a los borrachos, a los marineros, a los degenerados...

Esa noche vimos actuar a varios vestidos de mujer en dos salones de variedades. Entre ellos, el célebre Mirko, que cantó el cuplé de moda “María de la O”, y bailó una danza gitana.

A pesar del vestido, y los rellenos y el albayalde y el rouge y el rimmel, Mirko, envejecido, parecía un pelele bailando y cantando entre burlas y gritos obscenos.

Al salir de uno de los bares del barrio chino presencié una gresca entre ellos.

 - Esto es frecuente en el barrio, pese a los guardias, me dijo mi guía. Y agregó:

- Hace unos días, la plaza de la Generalitat se vio invadida por varios centenares de prostitutas. Fue un hecho insólito, jamás visto. Mientras todas gritaban y amenazaban frente a los balcones de la Generalitat, una comisión se adelantó para tratar de llegar hasta el secretario del presidente. La extraña manifestación fue disuelta enseguida por los guardias. Se formaron entonces pequeños grupos que invadieron las Ramblas gritando y se perdieron en las estrechas calles del barrio chino. Las de la comisión fueron detenidas y se supo la causa de la manifestación. Iban a protestar contra el "tercer sexo", contra los homosexuales, que se habían adueñado del barrio chino...

 El suceso me pareció digno de otra “Ópera de Cuatro Centavos”. La manifestación de las prostitutas, signo de descomposición de una sociedad, de miseria y decadencia, en medio de una ciudad importante y poderosa, rica y laboriosa, indicaba hasta qué extremo habían llegado las cosas. Las derechas no acertaron con el remedio. Contribuyeron a agravar el mal con medidas a veces crueles, a veces tibias. Explotadores y explotados -gente relacionada con individuos de las altas esferas, como lo demostró el affaire del estraperlo- apelaban a la clandestinidad para luego, por soborno o por indiferencia de las autoridades, salir nuevamente de sus cuevas.

Finalmente, el Gobierno, interesado, como dije, en reprimir todo movimiento popular, protestas, huelgas, mítines, etc., en censurar a la prensa y procesar a los periodistas, dejó en libertad de acción a los explotadores de la infamia, dueños de garitos, prostíbulos y bares. En plena Rambla de los Pájaros, fue apaleado un obrero por dos guardias de asalto. Alguien me dijo:

 -Esto no ocurre con los "maquereaux" de la calle Nueva de San Francisco...

La situación política contribuía a acentuar la atmósfera dramática de la ciudad condal. Se hablaba en todos los rincones, en voz baja. Pocos catalanes dejaban de censurar al Gobierno Central y a sus agentes de la Generalitat. El recuerdo de Companys y los demás detenidos en la prisión del Puerto de Santa María, lejos de Barcelona, en la costa andaluza, permanecía vivo en el pueblo, simpatizante o no con la actitud de los exconsejeros y su jefe.

 -Esto no puede continuar, era la frase que se oía con más frecuencia.

Y mientras Royo Villanova atacaba violentamente al Estatuto desde Madrid, el pueblo aguardaba en Cataluña la hora de la justicia. Más que el sentimiento separatista, un sentimiento solidario con todo el resto de España, que atravesaba idéntica situación, crecía en el pueblo.

 -Estado Libre Catalán dentro de la Federación de Estados Ibéricos, era la consigna del sentido común.

Y en ese camino se halla de nuevo Cataluña. La capital de la región ha vuelto a recibir a los fugitivos. Pueblo noble y trabajador, se abre, para el pueblo de Barcelona, como para toda España, una nueva época por la que debe avanzar, peligrosa, pero dignamente. Los reclusos del penal del Puerto de Santa María están ahora en el poder, abocados a los mismos problemas que tiene delante el Gobierno Central.

La época del pistolerismo parece lejana, decía, pero los dedos han vuelto a presionar los gatillos. Ya han caído algunos hombres, acribillados por el plomo vengativo. ¿Retorno del pistolerismo? ¿Resabios?

 ¿Manifestaciones violentas aisladas, mientras la clase trabajadora se une más y más, mientras las clases productoras se unen más y más? Tal vez sólo manifestaciones violentas, aisladas.

Pero si aceptamos el pistolerismo como un hecho social evidente, aunque no deseable desde todo punto de vista, debemos reconocer que no tuvo ni tendrá allí el carácter que tuvo y tiene en Chicago o en New York.

El gánster, el racketeer son otro producto social. Corresponden a una etapa más avanzada del capitalismo.

El gánster de Chicago soborna a jueces y policías, mata desde la sombra a sus competidores, sean otros gánster o sean comerciantes. Y cuando cae, cuando se ve envuelto en un proceso, lo condenan ¡por no pagar impuestos a la renta! El pistolero de Barcelona fue también producto social, pero de otro tipo, guiado por otros sentimientos y otros anhelos, idearios vagos de reivindicación y de justicia. De Al Capone, comerciante en muebles, contrabandista de alcoholes y jefe de banda, al Noi del Sucre, obrero fugitivo de la justicia, al servicio de una causa, equivocada o no, hay un abismo a favor del Noi del Sucre. Al Capone, pistolero de Chicago, ingresó en una cárcel para eludir a las otras bandas. El Noi del Sucre, pistolero de Barcelona, salió de la cárcel para morir frente a enemigos mercenarios.

El pistolerismo desaparece en Barcelona. Si los dedos han vuelto a presionar los gatillos, eso no indica su renacimiento; es más bien consecuencia de dos años de represión violenta. Desaparece; y es una comprobación feliz, porque eso significa que las clases laboriosas han comprendido que son otros los métodos que deberán utilizar para sus conquistas inmediatas.

Martínez Anido no podrá volver a Barcelona, porque tampoco el Noi del Sucre dejará su tumba.

De cualquier manera, juzgándolos a uno frente al otro, Martínez Anido era el pistolerismo organizado y legal; y el otro, el pistolerismo como hecho social evidente que corresponde a un periodo de violencias y confusiones.

 

"Barcelona nunca está bona sino cuando la bomba sona"

 

Fue una ligereza poética de Rubén. La inclinación esencial del pueblo es su vehemente deseo de trabajo, comodidad y dignidad.

Creo poder afirmar, en cuanto a la tendencia separatista de los catalanes, que esa tendencia se ha superado.

Quiero decir que la consigna: Estado Libre de Cataluña dentro de la Federación Ibérica alienta cada día con más fuerza en la mayoría de los catalanes, como en la mayoría de los vascos, como en la mayoría de los gallegos.

La cuestión de las minorías nacionales será resuelta así sin violencias, sin sangre y sin que España pierda su integridad como nación.

En el barrio gótico, el palacio de la Generalitat alza sus piedras ilustres, que guardan los tesoros del arte y las reliquias de la historia.

 

-Ya volverán los nuestros y se irán los intrusos, me dijeron cuando visité el Patio de los Naranjos. Los hombres elegidos por el pueblo volvieron y se fueron ya los intrusos.

 

Las sardanas del júbilo anunciaron la vuelta al ritmo conocido, pero bajo un nuevo signo: el signo del Frente Popular.

PILAR IGLESIAS NICOLÁS EDITA UN LIBRO INÉDITO COMO TAL, DE RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN, En la historia de España POETA EN LA GUERRA Cronist...

RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN "LA REVOLUCIÓN EN LA LITERATURA ESPAÑOLA"

LA VERDAD SOBRE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN

domingo, 13 de abril de 2025

EL OSCURO GRITO DE LA TIERRA (Ell problema obrero--campesino en España) del libro de R. González Tuñón POETA EN LA GUERRA Cronista para la paz


PRIMERA CRÓNICA DE LA SEGUNDA PARTE



Detrás de toda convulsión social, detrás de todo movimiento de masas hay que buscar sin duda, las
causas económicas. El malestar económico provoca las sacudidas sociales o a veces apresura el proceso
histórico y acelera los acontecimientos.
Desde la dictadura de Primo de Rivera, España ha visto agravarse progresivamente sus problemas. La
República del 14 de Abril, como se ha dicho, a pesar de la reforma agraria, las leyes obreras que votó, los jurados mixtos, las confiscaciones parciales, etc., no pudo solucionarlos, no digo totalmente que ya es mucho pedir sin cambio fundamental de sistema, pero por lo menos en gran parte. Y si bien es cierto que el movimiento de octubre se produjo a raíz de la incorporación al Gabinete de tres ministros de la C.E.D.A., también es cierto que por otro lado, se produjo porque las masas productoras veían que la crisis y su secuela -desocupación, rebaja de salarios, estándar de vida cada vez más bajo- amenazaban con hundirlas en la desesperación. La incorporación de tres ministros cedistas repugnaba a la España republicana y la crisis asustaba a la España productora. Por eso más tarde, cuando se formó el poderoso Frente Popular,muy pocas organizaciones obreras, casi ninguna puede decirse, a pesar de las órdenes impartidas por los jefes anarcosindicalistas, quedaron al margen del gran bloque izquierdista.Todos comprendieron que el programa mínimo del pacto, de cumplirse, elevaría algo, poca cosa, pero algo, el nivel de vida de los trabajadores.

Hasta ahora debemos confesar que el pacto viene cumpliéndose. Ya han entregado tierras a miles de
campesinos y Azaña ha asegurado que dentro de poco sumarán trescientos mil los favorecidos. Han vuelto a poner en vigor la ley de reforma agraria. Han confiscado definitivamente los bienes monárquicos y los de los jesuitas. Sin contar las medidas de carácter político: amnistía, ilegalidad del fascismo, etc. Pero el gobierno actual se encontrará pronto en una encrucijada, porque todo ello no resolverá los grandes problemas. Por eso se insiste en España, sobre todo en los medios obreros de extrema izquierda, en que la revolución iniciada en octubre de 1934 continúa...
Se suele decir del español que es el "hombre del café", teoría un tanto falsa porque, si bien es cierto que se hace mucha vida de café y de taberna en España, también es cierto que el español ha demostrado ser muchas veces el "hombre de la calle".

En los bares del centro y en las tabernas de los suburbios de Madrid, mientras yo permanecí en la capital, aumentaron las "peñas". Se explica. La calle había pasado a pertenecer a los guardias de asalto. Pero el "hombre del café" y el "hombre de la taberna" hablaban en ese entonces más de política que de otra cosa.
Asumían una actitud de crítica. Hacían correr noticias que la censura tachaba en los diarios. Polemizaban para llegar a un acuerdo. Hablaban de unión, de futuras y posibles revoluciones, de posibilidades. Vivían la realidad dramática, hondamente preocupados por su destino y el destino de España.
Desde las "peñas" del viejo y famoso Ateneo de Madrid a las de la última taberna del barrio de Vallecas, la conversación giraba alrededor de estas palabras: Las próximas elecciones...
Me acerqué más al "hombre de la taberna" que al "hombre del café". El "hombre de la taberna" es,
generalmente, un obrero. Tiene más instinto. Puede decirse que pocas veces se equivoca. Suele hablar sin rodeos. Hay más nobleza en su vida; y su vida es más útil.Tiene sentido de clase.
Solía yo frecuentar una pintoresca taberna cercana a la plazuela de Santo Domingo. Una de las más viejas tabernas de Madrid. A veces, al quedarme solo, algún parroquiano que me conocía de vista se acercaba a hablarme. Esto ocurre con frecuencia en Madrid, que es la capital de la cordialidad.
El elemento que acude a altas horas de la noche no es hampón ni nada que se le parezca, es simplemente
elemento obrero (el lumper concurre a otros sitios). Se trata de mecánicos, chóferes y camareros de bares que cierran hacia las dos de la madrugada. Considero importante, para que se vea en qué situación se hallaba, y se halla, el obrero en España, recordar aquí algunas de esas conversaciones, sostenidas entre vaso y vaso de vino valdepeñero.
El "hombre de la taberna" habla más de política que de toros, más de revueltas que de coplas, aunque no ha olvidado la poesía. Porque el "hombre de la taberna" en España, tiene un instinto poético admirable.

 Antonio Machado, Rafael Alberti o Federico García Lorca no me dejarán mentir.

Francisco era chofer. No hacía mucho que trabajaba en Madrid. Había venido de Barcelona y había residido en esa ciudad varios años. Era un sindicalista rabioso, pero la noche siguiente al mitin de Azaña lo encontré cambiado.
-¿Sabe usted, me dijo, que lo de ayer ha sido muy grande?
-Sí, lo sé. Medio millón de personas...
-No es por eso, me respondió, es por otra cosa...
-Veamos.
-Dicen que don Manuel fue felicitado al llegar por la noche al Ateneo. Alguien le dijo: "¡Qué bien ha estado lo de hoy, don Manuel!". A lo que él respondió: "Sí, éramos tres mil republicanos, y el resto, socialistas, comunistas y anarquistas..."
-Es que, prosiguió mi amigo, fue un espectáculo de unidad obrera. Aunque los jefes de la C.N.T.
(Confederación Nacional del Trabajo controlada por anarcosindicalistas) impartieron la orden de no concurrir, yo he visto a muchos camaradas levantando el puño junto a los socialistas y comunistas. Comprendí entonces, ante el grandioso espectáculo que ofrecía el campo de Comillas, que la unidad obrera se impone y que sólo con la unidad obrera conseguiremos elevar el nivel de vida del obrero y del campesino en España, así como fortalecer el Frente Popular de que se habla, que sería la primera etapa hacia la completa transformación económica y social de España...

-¿Cree usted que los anarquistas...?
-Ellos y los anarcosindicalistas, me interrumpió, y todas aquellas agrupaciones en disidencia con la U.G.T. (Unión General de Trabajadores, controlada por los socialistas de Largo Caballero) y con el Partido Comunista, que ya está de acuerdo con Largo Caballero, deben abandonar los antiguos métodos, violentos siempre, aislados, un tanto románticos. No se puede negar que el anarquismo tiene una gloriosa tradición de lucha. Pero, ¿qué ha conseguido? Ayer mismo me decía un camarada de la F.A.I. (Federación Anarquista Ibérica): "Todo el mundo habla de octubre, del levantamiento de los mineros socialistas y comunistas, con devoción, y todo el mundo reprocha a los jefes anarquistas que se hayan quedado en casa... Ahora sé que hay razón en el reproche. Nuestros jefes no nos ordenaron empuñar las armas para pelear junto a los otros camaradas. ¿No te avergüenza un poco eso si te acuerdas del Noi del Sucre y de todos los camaradas caídos desde la época de la reina Cristina hasta los días sombríos de Martínez Anido en tantos años de tradición revolucionaria?" Y yo vi claro. Y veo claro. Veo que sólo
unidos los obreros conseguirán lo que se proponen. Unidos y valiéndose de medios científicos, claro está, medios que ofrecen las organizaciones con programas definidos, los partidos marxistas. 
Lo demás es romanticismo, anarquismo individualista delirante...

-Si triunfa el Frente Popular, ¿cree usted que se hará el Frente Proletario?

-Tácitamente ya está hecho. Creo que sí. Que se fortalecerá, porque la Revolución que estamos viviendo
desde el año 31, con altos y bajos, no terminará con el triunfo del Frente Popular.Tal vez comience realmente en el momento en que las izquierdas vuelvan al poder.

Francisco no se equivocaba.
El "hombre de la taberna" no se equivoca casi nunca.
El castellanísimo poeta León Felipe que, como yo, gustaba charlar en las tabernas con los hombres del
pueblo y se quedaba horas enteras oyendo discusiones entre obreros, me presentó a un antiguo dirigente
de la F.A.I. muy informado acerca del movimiento de masas en la Península.
-¿Quiénes son los que se encuentran en peores condiciones para la lucha en España?, le pregunté una
noche.
-Todos, me respondió, se encuentran ahora en malas condiciones, pero si insiste usted le diré que los
campesinos sufren más que los obreros y entre las masas campesinas, las de Andalucía y las de Extremadura son las que sufren más. Esos sufrimientos, pésimas condiciones de trabajo, salarios de hambre, despojos, se han visto agravados ahora por la represión de parte del Gobierno, que ahoga toda huelga y por los parados. Los parados en Andalucía alcanzan ya un número fantástico.

-¿Y en el resto de España?...
-Hay muchos parados en Cataluña, en Bilbao, aquí, en Madrid.

-¿Dónde están, según usted, los núcleos obreros más preparados para la lucha?
-En las grandes ciudades, como ocurre en todo el mundo. En Barcelona, Bilbao, Madrid,Valencia. Por eso los movimientos obreros, en esas ciudades, han sido siempre mejor llevados. Allí donde las condiciones sociales de vida son más deplorables, la capacidad de lucha del obrero y el campesino es muy inferior. Pero esto no puede durar.
Creo, por lo mismo, que hay que volver a la táctica de las conquistas inmediatas.Ya ve usted lo ocurrido en octubre del año pasado en Asturias. No puede decirse que las condiciones de vida del minero en Asturias sean inferiores a las del resto de España. En Andalucía y en Castilla, el campesino y el obrero viven peor; y peor aún en Extremadura. 

Aunque el oficio de minero es muy riesgoso, por los constantes derrumbamientos, explosiones, etc., ganan más que un jornalero de Madrid. Sin embargo, se lanzaron a la lucha. ¿Por qué? Por muchas razones. Incluso porque, justamente, no se les paga lo que merecen y se les envía, a veces, a la muerte por no incurrir en gastos. Pero, sobre todo, por una razón: porque ya tienen conciencia de clase. Lo han demostrado. 

-¿Sólo ellos?
-En Barcelona, en Sevilla, en Madrid, en Bilbao, los obreros tienen también conciencia de clase. Agregue a ello que cada día hay más parados, que los salarios se rebajan, que cinco pesetas ya no bastan para un día de alimento de una familia, y piense que todo ello forma un clima especial, despierta a los hombres, los une, los excita, los provoca.Yo creo que con un simple cambio de gobierno no se

 -¿Y cómo solucionaría usted, más o menos, el problema?
-Habrá que dar tierra a los campesinos; habrá que terminar con los latifundios; habrá que terminar con la especulación, con las grandes fortunas tipo March; habrá, en una palabra, que confiscar y abolir, repartir y crear, transformar, pues, social y económicamente a España.Todo esto no se hará en un día; pero se hará. Creo que el problema de la tierra es el más importante. De la tierra viene todo... Los yunteros extremeños, los braceros de Andalucía, los campesinos de toda España viven, y usted lo verá si observa bien, en la peor de las miserias.
El antiguo dirigente no exageraba. El golpe dado por las derechas a la reforma agraria, como lo demostró, entre otros, Don Marcelino Domingo, había agravado la situación del campesino.A mi paso por Andalucía, por Aragón y en mis escapadas a ciertos lugares de Castilla, no necesité indagar mucho para comprobar la desocupación, el hambre, la angustia de los hombres de la tierra.Y cuando esta tierra es como la de Castilla, parda, seca, dura, casi indomable, el drama se hace más hondo y más patético.
Y un oscuro grito partía, parte, de la tierra española.
A mediados de 1935, a ocho meses del levantamiento de octubre, se calculaban en setecientos mil parados en España, sin contar los "represaliados" (obreros que quedaron sin trabajo en Asturias, Madrid, Barcelona  otros puntos, por haber intervenido en el movimiento). Por ese tiempo anoté en la libreta de apuntes:
“En las carnicerías se vende la carne por gramos. El jamón es un lujo en el país del jamón. La mantequilla es carísima y no existe la grasa. Sólo el vino me parece barato y bueno. El pueblo se alimenta mal y viste mal. Un "bife" minúsculo cuesta una peseta con veinticinco céntimos en la carnicería.” Tal era la situación. 

¿Y en el campo? ¿Y la desocupación en el campo?
Mi amigo, el poeta Miguel Hernández, que había salido varias veces en las Misiones Pedagógicas, observó de cerca la tragedia campesina en momentos en que la desocupación aumentaba.
-Hay muchos obreros parados en las ciudades, me dijo, pero en el campo es más pavoroso el problema.
Y escribió en la revista "Línea", que hacíamos en Madrid un grupo de escritores:
"Antonio tenía un jornal de siete pesetas. Para cobrarlo trabajaba desde las dos y media o las tres de la mañana hasta las diez de la noche. Diecinueve horas y media de jornada, dos de taberna y dos y media de mujer y sueño". arreglarán las cosas.

Antonio era un campesino de una aldea castellana, amigo de Miguel.Volvió a verlo; y he aquí la tragedia de Antonio y la de tantos Antonios de España. 
Doy la palabra a Miguel:
"El invierno es el verdugo del campo. Sus hombres lo ven llegar con el corazón encogido. Antonio es una de sus víctimas. Lo he vuelto a ver en este otoño. Estaba en la taberna con ocho jornaleros más. Los nueve, parados. Con el puño en la barba y un cigarro de hojas secas en los labios, esperan ya varios días que alguien entre y diga: "Tengo trabajo para ti". Antonio está más flaco, su voz no es la misma de este verano, sus ojos se han puesto hondos y
tristes. El invierno empieza su faena de hambre".

Miguel Hernández es uno de los que han escuchado el oscuro grito de la tierra de España. Hace poco, antes de las elecciones, me escribió una carta en la que me decía:
-En una de mis andanzas por campos de Castilla fui detenido por una pareja de guardias civiles y
apaleado alevosamente en el cuartelillo, ¡por no llevar documentos!
Posteriormente, los Machado, Juan Ramón Jiménez, Alberti, Neruda, García Lorca y otros poetas
protestaron por este atropello. Miguel Hernández, brillante poeta joven, tiene un corazón tierno y
generoso. Pero no ha perdonado. Su carta, un poco amarga, revelaba sin embargo, un firme deseo de lucha.

miércoles, 9 de abril de 2025

ESTOS TEXTO QUE ENCONTRAMOS DEBEMOS REFLEXIONARLOS SOBRE TAL O CUAL POETA EN ESTE CASO LO QUE DICE DE

LOS POETAS QUE ESCRIBIERON SOBRE LA GUERRA CIVIL EN ESPAÑA

(texto encontrado en alguna calle)

" La versión de Raúl González Tuñón (que con Neruda es el otro latinoamericano incluido en la antología de Cunningham, traducido por el gran etnomusicólogo inglés A. L. Lloyd, miembro del PC británico y también presente en España) es diferente. Cuenta que la última vez que vio a Lorca fue en Barcelona: "Ese mediodía fuimos a almorzar al restaurante Los Caracoles. No íbamos a volver a verlo. ¡Federico García Lorca! Se ha sabido después que a comienzos de julio de 1936, cuando Madrid se agitaba y había sido muerto un guardia de asalto republicano, Federico le dijo a Neruda, todavía cónsul en Madrid, cargo que ocupó hasta el levantamiento de Franco, pues fue relevado del mismo por adherir públicamente a la causa del pueblo español: ''Me voy a Granada en busca de tranquilidad, para escribir en paz una obra que he comenzado''. Y fue otra la paz que allá le esperaba.".

Al chileno y al argentino, la guerra les dejaría sendos libros. Neruda escribió España en el corazón, publicado por primera vez por Manuel Altolaguirre, quien había instalado una imprenta en el frente del Este, cerca de Gerona, con la ayuda de los soldados republicanos. 

Tuñón, en cambio, publicará La rosa blindada en Buenos Aires, gracias a la Federación Gráfica Bonaerense, en 1936. En el prólogo a la segunda edición, de 1962, él mismo se ocupa de explicar cómo fue que lo escribió: "Pasamos en Madrid casi todo el año 1935. Allí, un día, nos presentaron a Dolores Ibárruri, dirigente de Pro Infancia, entidad encargada de organizar la ayuda a los huérfanos de los mineros masacrados por las tropas moras y el Tercio Extranjero, por los ''galápagos de pellejo duro que no se ruborizan''. Ella nos puso al tanto de algunos hechos que habíamos conocido a través de cables escuetos y detalles de otros que ignorábamos, relacionados con el heroísmo y el martirio de los mineros asturianos". Entre los poemas que surgieron de esas informaciones estaba "La Libertaria", escrito a la memoria de Aída Lafuente. Años más tarde, Tuñón le contaría a Horacio Salas: "En plena guerra civil, a un centenar de escritores y periodistas de muchas partes del mundo nos invitaron al acto que iba a realizarse en un teatro, sobre la base de un muy variado espectáculo. Al final, un coro cantó mi poema ''La Libertaria'', y como te imaginarás, me causó una impresión enorme. En seguida marché hacia el escenario, porque no habían dado el nombre del autor de la letra y pensaba decirles que era yo. Estaba orgulloso, claro. Pero algo me iluminó, pues me limité a preguntar: ¿De quién es la letra de ''La Libertaria''?. Me contestaron: ''No lo conocemos, es un autor anónimo''. ¡Autor anónimo! ¡Qué te parece! Me encantó que lo pensaran y yo casi la embarro:
 ¡autor anónimo a los 32 años!".
TUÑÓN LA HISTORIA DE AQUELLA GUERRA, QUE AÚN HOY SE RESPIRA,  LE LLEVÓ A NUMEROS ARTÍCULOS, CRÓNICAS, Y POESÍA: VARIOS LIBROS, EL MEJOR LIBRO EN SU TOTALIDAD ASÍ LO PIENSAN Y PENSABAN ALGUNOS, ENTRE ESTOS, LA ESPOSA DEL POETA, NÉLIDA RODRÍGUEZ MARQUÉS
 LA MUERTE EN MADRID



LA ROSA BLINDADA, A LAS PUERTAS DEL FUEGO, 8 DOCUMENTOS Y EL QUE HA  EDITADO PILAR IGLESIAS NICOLÁS, EN 2007, EN Madrid.
POETA EN LA GUERRA CRONISTA PARA LA PAZ.


Otros poetas latinoamericanos escribieron sobre la Guerra Civil. Varios de ellos publicaron sus textos en 1937, el año en que fue bombardeado el pueblo de Guernica. Octavio Paz, por ejemplo, publicó en México su "Elegía", luego incluida en Libertad bajo palabra, de 1945. El cubano Nicolás Guillén publicó ese mismo año su Poema en cuatro angustias y una esperanza.

Más importante, sin duda, fue la obra que la guerra le inspiró al peruano César Vallejo. Había llegado a París en 1923, donde vivió y murió en la más extrema pobreza. Desde allí colaboraba para el diario El Comercio y para las revistas Variedades y Mundial. En 1926, con Juan Larrea, editó la revista Favorables. En 1930 fue expulsado de Francia por su militancia política. Emigrado a España, al cabo de dos años volvió a París. Pero llegó la guerra y en 1936 regresó a España, donde un año más tarde los soldados del ejército republicano del Este publicaron los quince poemas que componen España, aparta de mí ese cáliz. A la caída de Barcelona, el libro fue destruido y sólo se haría conocido en la edición mexicana de 1940.

Se trata, probablemente, de algunos de los mejores textos escritos en castellano sobre la Guerra Civil española. En esos textos el autor de Trilce (1922), logró poner muchos de sus extraordinarios descubrimientos prosódicos al servicio de algunas de sus mayores obsesiones: el amor fraterno, la libertad, la reivindicación de la justicia y los derechos humanos, la conciencia del dolor ajeno, temas que, con extrema ligereza, la posmodernidad suele caracterizar como ingenuos.

Otros dicen, EJEMPLO OCTAVIO PAZ, 

la carte de OCTAVIO PAZ, publicada en el libro POETA EN LA GUERRA Cronista para la paz, Raúl González Tuñón

Una carta de Octavio Paz

Me alegra que se hubiese reunido con aquel trabajo de mi juventud sobre la poesía de Raúl Gonzáles Tuñón y las formas populares del romance. Aún esta viva en mi memoria la tarde en que lo conocí, en julio de 1937, en Madrid. Me lo presentó mi compatriota Siqueiros, en las vísperas del Congreso de Escritores para la Defensa de la Cultura. Él ya era un consagrado y me impresionó ese hombre suave y firme, que había escrito los más encendidos poemas sobre el pueblo español. Recuerdo haberlo oído leer "La libertaria", ese poema en el cual todos los oficios de España confluyen como en un rezo. Para esa generación escribir poesía combativa era escribir a la sombra de Raúl González Tuñón, es el Rubén Darío de la poesía social y no cometo una herejía si afirmo que España en el Corazón de Neruda y España aparta de mi este cáliz, de Vallejo no hubieran podido ser sin "La Rosa blindada". Neruda lo reconoció con todas las letras y Vallejo hubiese hecho otro tanto si la muerte no lo hubiese sorprendido en París, en 1938.

Desconozco su restante producción pero recuerdo que Luis Cernuda me dijo que era también un importante poeta lírico.Todo me aleja de aquellos años, pero en mi biblioteca guardo "La Rosa Blindada" porque es un hito. Lo saluda,
Octavio Paz

No hay ninguna carta de Pierre Drieu La Rochelle a Raúl González Tuñón (encontrado al pasar)

  No hay ninguna carta de Pierre Drieu La Rochelle a Raúl González Tuñón porque no hay registros  Sus enfoques de la literatura y la vida er...