domingo, 25 de mayo de 2025
jueves, 8 de mayo de 2025
martes, 22 de abril de 2025
jueves, 17 de abril de 2025
RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN EN ESPAÑA 1935 , CUENTA LA HISTORIA PILAR IGLESIAS NICOLÁS EDITORA DE DOS LIBROS DEL POETA
“Raúl González Tuñón hubiera
querido estar en Asturias a los pocos días de la insurrección de los mineros,
pero no poseía los medios para hacerlo. Se sentía obligado por sí y en homenaje
a su abuelo. A principios de 1935, en compañía de Amparo Mom, con quien acababa
de casarse, partió hacia España. Llegó a Madrid y se reencontró con sus amigos:
Federico García Lorca, a quien había conocido en Buenos Aires en 1933, en
ocasión de los estrenos teatrales del Español y a Pablo Neruda, joven poeta y
diplomático chileno. Se reunían en la Cervecería de Correos, en donde hizo
amistad con otros escritores, entre ellos un muchacho que se acercó
tímidamente: Miguel Hernández.
González Tuñón no se quedó en
Madrid. Su objetivo era recorrer, ver "in situ" las condiciones de
los mineros y del pueblo en general, comprobar la miseria que envolvía a esa
zona, según se decía en la capital española. De esta experiencia personal, de
transitar por las zonas más afectadas, de las vivencias de sus pobladores
surgió La rosa blindada, un homenaje a la insurrección de Asturias de 1934.
Recogió como una flor ardiente
la vida y la muerte de esa niña hija de mineros que murió luchando por la causa
de los suyos a los 16 años. Aída Lafuente, desde entonces y para siempre, La
Libertaria.
Al mismo tiempo que surgían los
versos de La rosa blindada ordenaba sus apuntes, que luego se transformarían en
doce notas que publicaría en 1936 la revista argentina El Suplemento, un
semanario familiar muy leído en la época.
A esta altura de su vida,
González Tuñón había viajado por la Argentina y varios países sudamericanos
como cronista de Crítica. Su conciencia social había forjado una personalidad
con valores muy definidos. Por eso cuando llegó a España recorrió la zona norte,
aunque no pudo llegar a la cuenca minera. No lo impulsaba un espíritu
aventurero ni turístico, sino un profundo sentido de su responsabilidad como
periodista y poeta”
miércoles, 16 de abril de 2025
LA VERDAD SOBRE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE ESPAÑA 1935 POETA EN LA GUERRA RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN
LA VERDAD SOBRE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE
CLIMA DE GUERRA
P or el Peñón se despeñaba la luz de un día maravilloso. El 1 de abril de 1935 desembarqué en Gibraltar, entre los dogos de mar de Inglaterra, de aceros flamantes, que vigilaban el Estrecho. Gibraltar me pareció una alegre, limpia y hermosa villa, trepando por un terreno accidentado. El viejo cochero me dijo:
-Pasando aquellas casas blancas está La Línea, población española.
Gibraltar también era, como todos sabemos, población española hasta Nelson. Inglaterra no pudo quitarle a Gibraltar la luz, el clima, tan españoles, pero le dio otro aspecto. Casas nuevas, calles limpias, “policemen” educados, pequeños negocios elegantes. La Línea es todo lo contrario. Ya es España.
Tal vez precisamente por eso me interesó más que Gibraltar, por su autenticidad precisamente. Pero decidí entrar a España por Algeciras. A las cinco de la tarde embarqué en un pequeño navío que me dejó en la bella ciudad andaluza, a veinte minutos de Gibraltar. Todavía se veía la línea de África y se sentía a África en la misma Algeciras, en sus casas blancas, en su clima, en los rostros oscuros de sus gentes, en las canciones desgarradas que salían de sus tabernas y de sus patios adornados.
En la aduana me dieron vuelta a las maletas. Los carabineros revisaron cuidadosamente mi equipaje.
-Hace cinco años, dije a un carabinero, llegué a España por Barcelona y las autoridades aduaneras no fueron tan severas. Hace una hora que están ustedes revisando y hasta observando detenidamente los libros que traigo. ¿A qué se debe esto?
-Es por el contrabando, me respondieron. Gibraltar es puerto inglés y todo vale allí más barato...
Pero el jefe de los carabineros, a quien me dirigí protestando por la tardanza, fue mucho más claro: -¿No sabe usted que en España ha habido revolución?
Pensé en Asturias. Pero desde octubre a abril habían transcurrido cinco meses... Y, sin embargo, España seguía respirando una especie de clima de guerra. Me di cuenta al dejar la aduana de Algeciras. Ya no se veía carabineros en las callejuelas, a lo largo del pintoresco río que recorre la ciudad, en las afueras, en las plazas, frente al ayuntamiento y otros edificios públicos. Se veían guardias de asalto. Armados hasta los dientes, en cada camión una veintena de guardias parecían como aguardar una inminente orden de ataque. Ataque ¿a quién? Me enteré de que los diarios pasaban por la censura más tremenda; que las Casas del Pueblo estaban cerradas; que los sindicatos habían sido destruidos, que nadie se atrevía a hablar contra el Gobierno ni en voz baja… ¿Y el porqué de ese despliegue bélico?
-Queda prorrogado por sesenta días más el estado de alarma en Algeciras.
Durante el trayecto,Tarifa -la muy noble y muy antigua-,Vejer de la Frontera, Jerez, San Fernando, Chiclana de la Frontera, Sevilla y otros pueblos pequeños, ya cerca del mar, ya entre las montañas, el mismo espectáculo de los guardias de asalto, esta vez combinados con los guardias civiles, se me ofreció. Media hora de descanso en Jerez me hizo ver que ocurría allí lo mismo que en Algeciras. Patrullas que van y patrullas que vienen. Detenciones. Sobresalto. Recelo. Censura. Sólo que, en la estatua de Primo de Rivera, se destacaba una gran mancha de alquitrán...
El primero en hablarme contra la situación creada por la dura represión del Movimiento de Octubre, por parte de las derechas unidas a Alejandro Lerroux, fue el guía del Alcázar de Sevilla.
-Son gente, comprende usté, que lo que quieren es un imposible, que vuelva el Rey. No era exacto, naturalmente. Periodistas amigos y obreros a quienes interpelé accidentalmente más tarde me dijeron que el Rey no contaba; y nadie, salvo el señor Goicoechea, creía en su vuelta. Lo que ocurría era que, y el tiempo les dio la razón con el triunfo del Frente Popular, la revolución estaba latente y el Gobierno temía un nuevo estallido. Gil Robles y los suyos pretendían destruir el sentimiento casi unánime en el pueblo español: su sentimiento francamente republicano, fuertemente republicano, en instalar en España una dictadura de tipo fascista-dollfussista, es decir, vaticanista. El segundo fue un camarero, un mozo del Restaurante de la Viuda, donde almorcé al día siguiente de mi llegada a Sevilla, un garrulo andaluz que yo había conocido cuando era mozo en el bar de un diario porteño de la tarde.
-A Sevilla le han matao la alegría. Lamento que venga usté en estos momentos a la mejor ciudad del mundo.
-Pero ¿todavía lo de octubre?
-Toavía. -Si el drama se desarrolló en Asturias…
-En toa España… -Pero, en Sevilla no ocurrió nada del otro mundo.
-¿No ocurrió nada? Asómese usté al campo y pregunte a los campesinos qué tal les va con la anulación de la ley agraria, las restricciones, la devolución de los bienes a los monárquicos, la desocupación, etc., etc.…
Además, le aseguro a usté que en Sevilla se sintieron los estampidos de las granadas que estallaron en la cuenca minera. A pesar de esta exageración final, el camarero del Restaurante de la Viuda no andaba muy descaminado. Los efectos de la revolución asturiana se sentían en toda España; ya lo creo. Y hasta el viejo Restaurante de la Viuda cerró esa misma noche de abril sus puertas antes de lo acostumbrado. Habíase producido una nueva crisis de gabinete que días después quedó resuelta con una fórmula todavía más reaccionaria.
A la semana, cuando me dirigía a la estación para tomar el tren que me llevaría a Madrid, los vendedores de diarios me acosaron:
¡El trágico incidente de anoche en el barrio de Triana! ¡Dos obreros muertos por los guardias! ¡Prolongación del estado de sitio en Sevilla!. Y en un estado de ánimo y de sitio, nada tranquilo, me ubiqué en el tren. Dos guardias civiles viajaban en el mismo coche. Una señora anciana respondió a mi pregunta:
-Antes viajaba un guardia en cada tren. Ahora dos en cada coche. Las cosas andan mal. Ya lo ve usted. En el compartimento viajábamos tres personas: un viajante de comercio, la señora anciana y yo. El viajante de comercio leía “El Debate”, diario del partido de Gil Robles. La señora anciana leía "La Libertad", diario de izquierda. Yo, por casualidad, tenía entre mis manos un diario independiente: "Ahora". Al parecer, representábamos tres tendencias; pero, cuando se enteraron de que yo era argentino, ambos, la señora anciana y el viajante, quedaron frente a frente.Y como es lógico, tratándose de España, a poco de andar el tren quedó planteada la crisis. Oí decir al viajante de comercio:
-Lo que cuenta “El Debate” acerca de las atrocidades cometidas en Asturias por los revoltosos es terrible.
-¿Le hace usted caso al “Debate”?, replicó la señora anciana. Si los diarios de izquierda pudieran hablar, iba usted a saber que fueron peores las atrocidades cometidas por el Tercio Extranjero y los moros en la represión del movimiento.
El viajante se indignó. Comenzó a gritar contra los revolucionarios dirigiéndose, enfurecido, a la señora anciana. Ésta le rogó que bajara la voz. Yo me uní a sus ruegos. Los guardias civiles observaban desde el fondo del coche.
-No es correcto, me atreví a decirle al viajante; como están las cosas, detendrán a la señora en la primera estación.
-Oiga usted, repuso el viajante, es usted argentino y no quiero que se lleve una mala impresión de España.
Aquí no ocurre nada.Todo está tranquilo. Los delincuentes están en la cárcel. El Gobierno tiene el control de la situación. No haga usted caso de las historias que le cuenten.
Vi que la señora anciana se mordía los labios. El viajante descendió en la estación de Córdoba. Fue entonces cuando la anciana, sentándose a mi lado, me explicó:
-¿Qué todo está tranquilo? ¿Sabe usted quién soy yo? Una costurera de Madrid. Hace quince días estuve en León. Fui a visitar a mi hijo mayor, preso desde octubre por sospechoso de socialista. Ha rebajado diez kilos de peso. Es otro hombre. ¿Qué hizo? Nada. Y ahora vengo de ver a otro hijo, que era obrero de la Fábrica de Tabacos y está preso, en Sevilla, por la misma causa.
-¿Cree usted que son delincuentes todos los que están en la cárcel? Lo que pasa es que los curas quieren volver a adueñarse de España; pero, por esta cruz, le juro que algún día saldré yo también a la calle con una carabina para defender la República.
Horas más tarde, en Baeza, subió un campesino, entrado en años. Se ubicó en nuestro compartimento y nos convidó con un trago de vino. El excelente vinillo nos hizo olvidar el traqueteo del tren y el cansancio del viaje. El campesino nos contó su historia:
-En mi aldea quisieron matar al cura el 7 de octubre.Yo había sido alcalde y gozaba de general aprecio allí. Fui a ver al cura y le dije: Padre Marcelino, salga usted de la aldea porque lo matarán. No lo mataron porque los guardias llegaron a tiempo. ¿Saben ustedes cómo me pagó el padre Marcelino? Me hizo detener.
Me hizo dar una tunda.Voy ahora a Madrid a protestar. Comprendo que tenía razón aquel fresco que me dijo: "Cuando estalló la Revolución de Abril de 1931, que trajo la República, un ciudadano de cierta aldea envió al ministro de la Gobernación el siguiente telegrama: Hemos declarado también aquí la República. ¿Qué hacemos con el cura? Del ministerio respondieron que no le hicieran daño al cura. He ahí el error de la República del 14 de Abril. Estamos ahora a punto de perderla, porque a la pregunta ¿Qué hacemos con el cura? No se respondió: ¡Enviadlo al infierno!”
En Madrid hacía bastante frío y lloviznaba. El espectáculo de los guardias de asalto me resultó más sombrío. El número de guardias era mucho mayor. Se veían camiones con ametralladoras por todas partes. Busqué una dirección en mi libreta: Hotel Bristol, Gran Vía. El chofer se detuvo en el corazón de la Gran Vía. La llovizna velaba los letreros luminosos. A cada rato se veían pasar guardias a caballo o en los camiones. Mis amigos me dejaron, provisoriamente, en el Hotel Bristol.A las once de la noche bajé de mi habitación y me dispuse a salir a la calle. El botones me detuvo en la puerta.
-Perdone... ¿Es usted periodista?
-Sí.
-Debe ir a la Dirección de Seguridad a que sellen los documentos. Di un vistazo a la amplia avenida. La típica Gran Vía ofrecía un aspecto distinto al que yo había imaginado.
-¿Qué ocurre?
-Hace mucho tiempo que vivimos así. Han pasado cosas terribles. -¿Aquí también?
-También, aunque en otra forma. ¿Sabe usted lo que ocurrió en este hotel?
-¿Qué ocurrió?
-En los primeros días de octubre, pidió alojamiento un señor muy bien vestido, extranjero, de apellido ruso. No recuerdo bien cómo se llamaba. Durante una semana, permaneció sin salir de su habitación, en el cuarto piso. El ocho de octubre cayó muerto, ahí mismo, frente al hotel, en medio de la calle, un guardia de asalto. No se supo de dónde había salido el tiro. Al día siguiente, por la mañana, cayó otro, y otro a la tarde.
Al tercer día cayó el cuarto guardia de asalto. Un teniente que, apostado en el Palacio de la Música, ahí cerca, observaba los edificios de este costado, hizo de pronto un disparo a la ventana del cuarto piso. En seguida entraron al hotel, el teniente y cinco guardias más. Subieron apresuradamente al cuarto piso, abrieron la puerta de la habitación del ruso y dispararon sobre él sus armas. El ruso estaba en pijama, recostado en un sillón, cerca de la ventana.Tenía dos revólveres en las manos. Había sido él quien había matado a los cuatro guardias.
-Y, ¿quién era? ¿Qué era?
-Nunca se supo. Sus maletas, rotuladas en muchos países, no encerraban ninguna cosa rara, ni documentos, ni nada...
-Era un francotirador..., murmuré.
-¿Un franco qué?, díjome el botones. ¡Era un ruso! Y parecía un príncipe.Yo vi cuando lo sacaron muerto en la camilla.
Volví a encontrar a mis amigos, periodistas de Madrid y escritores. Saqué en consecuencia que el drama de Asturias había sido más tremendo de lo que se decía en Buenos Aires.
Después pude documentarme más ampliamente y enterarme de lo que en realidad había ocurrido en octubre del 34; y de por qué había ocurrido.
(FIN)
lunes, 14 de abril de 2025
Barcelona nunca está bona sino cuando la bomba sona .."De nuevo se presionan los gatillos" González Tuñón
DE NUEVO SE PRESIONAN LOS GATIILLOS
Barcelona nunca está bona sino cuando la bomba sona
Así decía Rubén Darío en un poema famoso.
Pero ya los tiempos en que la bomba sonaba son lejanos. Están enterrados en los
fosos de Montjuic o en la fosa común, junto con los restos del Noi del Sucre.
Las semanas trágicas de Barcelona
desaparecieron con el pistolerismo. La unidad obrera, las luchas científicamente
organizadas, contribuyeron a acelerar el proceso, terminando, casi por
completo, con el pistolerismo como expresión individual, anarquizante y
romántica, de los anhelos populares. Sólo quedaban, después de Martínez Anido,
los pistoleros de la Patronal, como se dijo, los pistoleros al servicio
de la represión del movimiento obrero iniciada brutalmente durante la dictadura
de Primo de Rivera.
-En aquellos tiempos, dicen ahora en
Madrid, cada vez que el Rey anunciaba una visita a Barcelona, se pedía a
Alejandro Lerroux que intercediera ante los dirigentes obreros para que no
intentaran atentar contra la vida del monarca. Lerroux cobraba fuertes sumas
por su intervención...
Martínez Anido organizó a los pistoleros
de arriba. A Companys, abogado, le tocó defender a muchos pistoleros de
abajo. Uno de los más notables dirigentes sindicalistas, el Noi del
Sucre, murió en circunstancias en que dejaba la cárcel, después de cumplir
una breve condena. El Noi del Sucre, se dice, al ser puesto
Así limpió Martínez Anido la ciudad de Barcelona.
Así creyó limpiarla; pues, cuando se proclamó la República, el nuevo gobierno
debió limpiar a su vez a Barcelona de los otros pistoleros, elementos lumperproletarios
de los bajos fondos sociales, convertidos en señoritos por el exgobernador.
Esta época sangrienta de la ciudad condal es una
verdadera maraña de hechos que aún no se han aclarado del todo, pero hay que
reconocer que el movimiento obrero salió depurado de las guerrillas que
convulsionaron durante tanto tiempo la capital catalana.
Barcelona ofreció a mi vista dos aspectos hacia fines de
1935: por un lado, la ciudad seguía el ritmo violento de siempre, con sus
ramblas bulliciosas y sus barrios industriales; y por otro lado, la
descomposición de la sociedad, el espectáculo de la miseria y el vicio,
decretaban un contraste que no ofrecían, de manera tan viva, otras ciudades de
España.
Durante algunas noches lo recorrí, observando todos sus
rincones. Desde 1930 había cambiado mucho, efectivamente. Iba yo con un
periodista, que me señalaba a los tipos sobresalientes del barrio:
-Aquel es Mirko; va a vestirse de mujer para actuar esta
noche en el Novedades.
-Aquella es la reina del barrio chino, una señorita de la
sociedad venida a menos -¡y tan a menos!-toxicómana, mujer
extraña..
No me explicaba el porqué. Mi amigo aclaró:
-El barrio chino ha sido invadido por el "tercer
sexo". Los homosexuales, que hace algunos años recorrían estas calles sin
molestar a las mujeres, abundan ahora y se han dedicado a un doble
"comercio": hacen competencia a las mujeres desde los tablados de
variedades, donde cobran menos por actuar y atraen más curiosos; y en la calle
misma, donde acechan a los borrachos, a los marineros, a los degenerados...
Esa noche vimos actuar a varios vestidos de mujer en dos
salones de variedades. Entre ellos, el célebre Mirko, que cantó el cuplé de
moda “María de la O”, y bailó una danza gitana.
A pesar del vestido, y los rellenos y el albayalde y el rouge
y el rimmel, Mirko, envejecido, parecía un pelele bailando y
cantando entre burlas y gritos obscenos.
Al salir de uno de los bares del barrio chino presencié
una gresca entre ellos.
- Hace unos días, la plaza de la Generalitat se vio
invadida por varios centenares de prostitutas. Fue un hecho insólito, jamás
visto. Mientras todas gritaban y amenazaban frente a los balcones de la
Generalitat, una comisión se adelantó para tratar de llegar hasta el secretario
del presidente. La extraña manifestación fue disuelta enseguida por los
guardias. Se formaron entonces pequeños grupos que invadieron las Ramblas
gritando y se perdieron en las estrechas calles del barrio chino. Las de la
comisión fueron detenidas y se supo la causa de la manifestación. Iban a
protestar contra el "tercer sexo", contra los homosexuales, que se
habían adueñado del barrio chino...
Finalmente, el Gobierno, interesado, como dije, en
reprimir todo movimiento popular, protestas, huelgas, mítines, etc., en
censurar a la prensa y procesar a los periodistas, dejó en libertad de acción a
los explotadores de la infamia, dueños de garitos, prostíbulos y bares. En
plena Rambla de los Pájaros, fue apaleado un obrero por dos guardias de asalto.
Alguien me dijo:
La situación política contribuía a acentuar la atmósfera
dramática de la ciudad condal. Se hablaba en todos los rincones, en voz baja.
Pocos catalanes dejaban de censurar al Gobierno Central y a sus agentes de la Generalitat.
El recuerdo de Companys y los demás detenidos en la prisión del Puerto de Santa
María, lejos de Barcelona, en la costa andaluza, permanecía vivo en el pueblo,
simpatizante o no con la actitud de los exconsejeros y su jefe.
Y mientras Royo Villanova atacaba violentamente al
Estatuto desde Madrid, el pueblo aguardaba en Cataluña la hora de la justicia.
Más que el sentimiento separatista, un sentimiento solidario con todo el resto de
España, que atravesaba idéntica situación, crecía en el pueblo.
Y en ese camino se halla de nuevo Cataluña. La capital de
la región ha vuelto a recibir a los fugitivos. Pueblo noble y trabajador, se
abre, para el pueblo de Barcelona, como para toda España, una nueva época por
la que debe avanzar, peligrosa, pero dignamente. Los reclusos del penal del
Puerto de Santa María están ahora en el poder, abocados a los mismos problemas
que tiene delante el Gobierno Central.
La época del pistolerismo parece lejana, decía, pero los
dedos han vuelto a presionar los gatillos. Ya han caído algunos hombres,
acribillados por el plomo vengativo. ¿Retorno del pistolerismo? ¿Resabios?
Pero si aceptamos el pistolerismo como un hecho social
evidente, aunque no deseable desde todo punto de vista, debemos reconocer que
no tuvo ni tendrá allí el carácter que tuvo y tiene en Chicago o en New York.
El gánster, el racketeer son otro producto
social. Corresponden a una etapa más avanzada del capitalismo.
El gánster de Chicago soborna a jueces y policías,
mata desde la sombra a sus competidores, sean otros gánster o
sean comerciantes. Y cuando cae, cuando se ve envuelto en un proceso, lo
condenan ¡por no pagar impuestos a la renta! El pistolero de Barcelona fue
también producto social, pero de otro tipo, guiado por otros sentimientos y
otros anhelos, idearios vagos de reivindicación y de justicia. De Al Capone, comerciante
en muebles, contrabandista de alcoholes y jefe de banda, al Noi del Sucre,
obrero fugitivo de la justicia, al servicio de una causa, equivocada o no, hay
un abismo a favor del Noi del Sucre. Al Capone, pistolero de Chicago,
ingresó en una cárcel para eludir a las otras bandas. El Noi del Sucre,
pistolero de Barcelona, salió de la cárcel para morir frente a enemigos
mercenarios.
El pistolerismo desaparece en Barcelona. Si los dedos han
vuelto a presionar los gatillos, eso no indica su renacimiento; es más bien
consecuencia de dos años de represión violenta. Desaparece; y es una
comprobación feliz, porque eso significa que las clases laboriosas han
comprendido que son otros los métodos que deberán utilizar para sus conquistas
inmediatas.
Martínez Anido no podrá volver a Barcelona, porque
tampoco el Noi del Sucre dejará su tumba.
De cualquier manera, juzgándolos a uno frente al otro,
Martínez Anido era el pistolerismo organizado y legal; y el otro, el
pistolerismo como hecho social evidente que corresponde a un periodo de
violencias y confusiones.
"Barcelona nunca está bona sino cuando la bomba
sona"
Fue una ligereza poética de Rubén. La inclinación
esencial del pueblo es su vehemente deseo de trabajo, comodidad y dignidad.
Creo poder afirmar, en cuanto a la tendencia separatista
de los catalanes, que esa tendencia se ha superado.
Quiero decir que la consigna: Estado Libre de Cataluña
dentro de la Federación Ibérica alienta cada día con más fuerza en la
mayoría de los catalanes, como en la mayoría de los vascos, como en la mayoría
de los gallegos.
La cuestión de las minorías nacionales será resuelta así
sin violencias, sin sangre y sin que España pierda su integridad como nación.
En el barrio gótico, el palacio de la Generalitat alza
sus piedras ilustres, que guardan los tesoros del arte y las reliquias de la
historia.
-Ya volverán los nuestros y se irán los intrusos,
me dijeron cuando visité el Patio de los Naranjos. Los hombres elegidos por el
pueblo volvieron y se fueron ya los intrusos.
Las sardanas del júbilo anunciaron la vuelta al ritmo
conocido, pero bajo un nuevo signo: el signo del Frente Popular.
domingo, 13 de abril de 2025
EL OSCURO GRITO DE LA TIERRA (Ell problema obrero--campesino en España) del libro de R. González Tuñón POETA EN LA GUERRA Cronista para la paz
Hasta ahora debemos confesar que el pacto viene cumpliéndose. Ya han entregado tierras a miles de
campesinos y Azaña ha asegurado que dentro de poco sumarán trescientos mil los favorecidos. Han vuelto a poner en vigor la ley de reforma agraria. Han confiscado definitivamente los bienes monárquicos y los de los jesuitas. Sin contar las medidas de carácter político: amnistía, ilegalidad del fascismo, etc. Pero el gobierno actual se encontrará pronto en una encrucijada, porque todo ello no resolverá los grandes problemas. Por eso se insiste en España, sobre todo en los medios obreros de extrema izquierda, en que la revolución iniciada en octubre de 1934 continúa...
Se suele decir del español que es el "hombre del café", teoría un tanto falsa porque, si bien es cierto que se hace mucha vida de café y de taberna en España, también es cierto que el español ha demostrado ser muchas veces el "hombre de la calle".
miércoles, 9 de abril de 2025
ESTOS TEXTO QUE ENCONTRAMOS DEBEMOS REFLEXIONARLOS SOBRE TAL O CUAL POETA EN ESTE CASO LO QUE DICE DE
LOS POETAS QUE ESCRIBIERON SOBRE LA GUERRA CIVIL EN ESPAÑA
(texto encontrado en alguna calle)
" La versión de Raúl González Tuñón (que con Neruda es el otro latinoamericano incluido en la antología de Cunningham, traducido por el gran etnomusicólogo inglés A. L. Lloyd, miembro del PC británico y también presente en España) es diferente. Cuenta que la última vez que vio a Lorca fue en Barcelona: "Ese mediodía fuimos a almorzar al restaurante Los Caracoles. No íbamos a volver a verlo. ¡Federico García Lorca! Se ha sabido después que a comienzos de julio de 1936, cuando Madrid se agitaba y había sido muerto un guardia de asalto republicano, Federico le dijo a Neruda, todavía cónsul en Madrid, cargo que ocupó hasta el levantamiento de Franco, pues fue relevado del mismo por adherir públicamente a la causa del pueblo español: ''Me voy a Granada en busca de tranquilidad, para escribir en paz una obra que he comenzado''. Y fue otra la paz que allá le esperaba.".
Al chileno y al argentino, la guerra les dejaría sendos libros. Neruda escribió España en el corazón, publicado por primera vez por Manuel Altolaguirre, quien había instalado una imprenta en el frente del Este, cerca de Gerona, con la ayuda de los soldados republicanos.Tuñón, en cambio, publicará La rosa blindada en Buenos Aires, gracias a
Otros poetas latinoamericanos escribieron sobre
Más importante, sin duda, fue la obra que la guerra le inspiró al peruano César Vallejo. Había llegado a París en 1923, donde vivió y murió en la más extrema pobreza. Desde allí colaboraba para el diario El Comercio y para las revistas Variedades y Mundial. En 1926, con Juan Larrea, editó la revista Favorables. En 1930 fue expulsado de Francia por su militancia política. Emigrado a España, al cabo de dos años volvió a París. Pero llegó la guerra y en 1936 regresó a España, donde un año más tarde los soldados del ejército republicano del Este publicaron los quince poemas que componen España, aparta de mí ese cáliz. A la caída de Barcelona, el libro fue destruido y sólo se haría conocido en la edición mexicana de 1940.
Se trata, probablemente, de algunos de los mejores textos escritos en castellano sobre
Una carta de Octavio Paz
Me alegra que se hubiese reunido con aquel trabajo de mi juventud sobre la poesía de Raúl Gonzáles Tuñón y las formas populares del romance. Aún esta viva en mi memoria la tarde en que lo conocí, en julio de 1937, en Madrid. Me lo presentó mi compatriota Siqueiros, en las vísperas del Congreso de Escritores para la Defensa de la Cultura. Él ya era un consagrado y me impresionó ese hombre suave y firme, que había escrito los más encendidos poemas sobre el pueblo español. Recuerdo haberlo oído leer "La libertaria", ese poema en el cual todos los oficios de España confluyen como en un rezo. Para esa generación escribir poesía combativa era escribir a la sombra de Raúl González Tuñón, es el Rubén Darío de la poesía social y no cometo una herejía si afirmo que España en el Corazón de Neruda y España aparta de mi este cáliz, de Vallejo no hubieran podido ser sin "La Rosa blindada". Neruda lo reconoció con todas las letras y Vallejo hubiese hecho otro tanto si la muerte no lo hubiese sorprendido en París, en 1938.
martes, 8 de abril de 2025
viernes, 4 de abril de 2025
No hay ninguna carta de Pierre Drieu La Rochelle a Raúl González Tuñón (encontrado al pasar)
No hay ninguna carta de Pierre Drieu La Rochelle a Raúl González Tuñón porque no hay registros Sus enfoques de la literatura y la vida er...
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